Cuerpo Y Mente: Su Circularidad

 

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Tanto nuestros pacientes como quienes oficiamos de psicoterapeutas integrativos podremos vincular la palabra terapéutica con la neuroplasticidad, esta última con los cambios cromatínicos, y de allí viajaremos hacia la memoria y el aprendizaje de nuevos estilos de vida. Y ese cambio en el ambioma, otra vez, y de forma circular, nos pondrá en las vías del cambio permanente. Espiritual y biológico.

 

Los principios de E. Kandel

1. Todos los procesos mentales, aún los procesos psicológicos más complejos, derivan de operaciones del cerebro.

2. Los genes y los productos de sus proteínas son determinantes importantes del patrón de interconexiones entre las neuronas y en los detalles de su funcionamiento.

3. Los genes alterados no explican, por sí mismos, toda la varianza de una enfermedad mental grave dada.

4. Las alteraciones inducidas en la expresión génica por el aprendizaje dan lugar a cambios en los patrones de las conexiones neuronales.

5. En la medida en que las psicoterapias son efectivas y producen cambios de largo plazo en la conducta, se presupone que lo hacen a través del aprendizaje, produciendo cambios en la expresión génica que altera la fuerza de las conexiones sinápticas y cambios estructurales que alteran el patrón anatómico de interconexiones entre las células nerviosas del cerebro.

Creíamos hasta ahora, que nuestros padres y abuelos simplemente nos pasaban sus genes. Y punto. Que las experiencias que habían acopiado en sus vidas no se adquirían y se inutilizaban perpetuamente. Porque confiábamos en que los genes se transmitían inalterables de generación en generación. Sin modificaciones. Sin tocar el núcleo celular inmaculado. No habíamos arribado al conocimiento de la epigenómica. De las epimutaciones.

Sin embargo, hoy sabemos que el aire que respiraron nuestros abuelos, el agua que bebieron o el ambiente psicosocial en el que vivieron pudieron afectar también a sus descendientes, incluso décadas después. Los factores externos pueden influir en el complejo entramado de interruptores que hace falta conectar y desconectar para dar lugar, por ejemplo, al desarrollo de un cáncer. No se trata por tanto únicamente de qué genes heredamos o no de nuestros padres, sino de si están ‘encendidos’ o ‘apagados’ a través de interruptores epigenéticos.

Sé que la divulgación de estos asombrosos descubrimientos tiene el insalvable corolario de impresionar a todos los aspectos de nuestra vida y de nuestro pensamiento usual.

No importa cual sea tu credo, profesión, ideología política, arte u oficio. Seas hombre o mujer. Pequeño o adulto. No importa seas de América, África; Asia; Oceanía; O Europa. Te impactarán tanto estos conocimientos que cambiaras tus ideas acerca del ser humano en general y de ti mismo y tu familia en particular.

Te verás proyectado de modo diferente en relación al espacio y tiempo.

Puedo afirmarles que, a través de los conceptos sobre epigenética y sus derivaciones lógicas, asumirán de modo natural que aquello que nos constituye biopsicosocialmente es en parte aquello que nos fue legado por nuestros ancestros mas recientes. Incluidos nuestros bisabuelos. Y que aquello que nosotros vivimos hoy, y hasta ahora hemos experimentado en nuestras vidas multidimensionales, será una herencia inapelable para nuestros hijos, nietos y bisnietos.

La experiencia psiconeuroinmunoendócrina de una generación, puede trasladarse sin lugar a dudas, a las siguientes.

Es un dato que todo terapeuta integrativo tiene que llevar a la máxima potencia de su significado transdisciplinario. Porque al intervenir sobre el ambioma y utilizando los recursos tecnológicos adecuados para actuar sobre el epigenoma y el genoma, podremos mejorar como nunca lo habíamos logrado la calidad de vida de cada persona y sus descendientes.

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